Contexto
El Flamengo tiene la mayor afición del mundo, y una marca con potencial para estar presente en la vida de millones de niños y familias mucho más allá de los días de partido.
Convertir esa fuerza en una red nacional de escuelas de fútbol exigía más que licenciar un escudo: exigía metodología, un estándar de operación y un socio capaz de proteger la marca en cada ciudad.